TARAMANTAS Y BRUJAS
La noche de Difuntos, el primero de noviembre,
cuentan que esa noche no se podía salir a la calle porque pasaba la
Santa Compaña, que era una procesión de difuntos, de almas en pena.
Iban recorriendo las calles y no les podías hablar, ni preguntar, ni
pedir nada. Cuentan que una anciana que no tenía para encender la
lumbre les pidió una vela y la mañana siguiente encontró que no
era una vela lo que le habían dado sino un hueso humano.
Esa noche se encendían velas y se rezaba por los
difuntos y todo el mundo permanecía metidito en sus casas, por si
acaso. Hagamos nosotros lo mismo, encendamos un buen fuego, tostemos
castañas, hagamos dulces rosetas a las cuatro tazas, una copita de
anís y como cuando eramos pequeños vamos a contar cosas de miedo.
Como decía, la noche de Difuntos y el día de Todos
los Santos, se creía que las almas de los difuntos volvían a sus
casas. En algunos sitios tapaban las cerraduras de las puertas como
posible entra de las animas, otra era la chimenea, por lo que se
ponían las tenazas en cruz. Había correrías de animas por los
tejados y la ya dicha Santa Compaña que recorría las calles. Aunque
había valientes que no les asustaba nada.

Un hombre tenía fama de que no le asustaba nada. Un
día se aposto con los amigos que era capaz de dormir una noche en el
cementerio. Esa noche, acompañado de los amigos, fueron al
cementerio. Bebieron un poco de vino para entrar en calor y darse
confianza, los amigos se fueron y él se quedo allí solo. Se metió
dentro del cementerio, se tapó con la capa y se acurruco en un
rincón a pasar la noche. Cuando sintió cantar el gallo, dijo: “
Ya esta amaneciendo, la apuesta la tengo ganada.” Se levantó y se
dispuso a salir del campo santo. Al ir a pasar la puerta, se hecho la
capa sobre el hombro con tan mala suerte que se le quedo engancha.
Tiro y tiro pero no se soltó. Los amigos que lo esperaban, viendo
que no venía a la hora convenida, pensaban que no había cumplido la
apuesta. Decían entre bromas:”Este le ha dado miedo esta noche y
se ha ido a su casa a dormir.” Antes de irse cada uno a su casa
decidieron pasar por el cementerio y allí se lo encontraron tumbado
en la puerta muerto con la capa enganchada de un clavo.
Otra historia parecida, pero con un final más
amable, es la de un hombre que fue del pueblo a ver a la novia a un
cortijo. Cuando echo el ratico con la novia se fue de vuelta a su
casa. Era noche cerrada, no había luna y al cruzar un riachuelo se
le engancho la chaqueta en una zarza. Dio un tirón pero se quedo más
enganchado. Lo primero que pensó es que algún ladrón lo había
cogido para robarlo, y le decía:” Llevese lo que tengo, pero
dejeme con vida.” Pero como no lo soltaba ni decía nada, empezó a
asustarse de verdad y estuvo toda la noche suplicando, llorando y
pataleando,pero el que lo tenía agarrado ni lo soltaba ni le
hablaba.
Estuvo toda la noche así. Cuando ya la claridad fue
tanta como para distinguir lo que tenía alrededor, miró para atrás
y vio que era una zarza la que se le había enganchado a la chaqueta.
Cogió la navaja del bolsillo y corto la zarza. Ya más valiente ,
dijo: “¿Ves lo que he hecho contigo? Pues lo mismo hubiera hecho
si hubieses sido un ladrón.”
Otro tema recurrente en estas historias son los
fantasmas. Ya en el siglo XVII el visitador de la Alpujarra don Juan
de Leyva, investigo en una veintena de poblaciones, entre ellas
Mairena, las extrañas luminarias que fueron vistas , tanto en el
cielo como en el suelo, y que venían apareciendo desde, año arriba
o abajo, el 1590.

A los fantasmas también se les llamaba taramantas.
En el pueblo hubo una muy sonada. Hubo un tiempo que toda la
gente en el pueblo vivía asustada, antes de que se fueran las
ultimas luces del día todos salían corriendo a encerrarse en sus
casas, la gente que estaba en el campo apuraba el paso para que no se
le hiciese de noche en el camino. El agua de riego de las tandas
nocturnas corría perdida por las acequias porque nadie regaba de
noche. Las madres asustaban a los niños mas rebeldes :” ¡Que
viene la taramanta!” Desde hacía unas noches, en el camino de
Almocitas, venia apareciéndose una cosa de otro mundo, las personas
que vieron la taramanta decían que era alta como un árbol,
saliendole luz por los ojos y vestida con andrajos. Nadie le pregunto
que quería, porque el temor era mucho. La norma primera cuando se
aparecía un fantasma era preguntarle: “En el nombre de Dios te
pido que me digas quién eres y lo que quieres.” Porque podía
haber muerto con una manda por cumplir, una misa o con alguna cosa
importante por hacer y estar sufriendo en el purgatorio.
Hasta que un hombre, dicen que el más enclenque del
pueblo, pues era bajito y delgado, muy poquita cosa; dijo que aquello
se iba a acabar, tanto ir escondiéndose de aquello y tanto tener a
la gente asustada, que el arreglaba aquello fuera lo que fuera. Una
noche se escondió en unas matas, en una revuelta del camino y
aparecieron las taramantas. Con un palo bien agarrado a las manos,
les salió al medio del camino y les dijo que se quitaran aquello de
la cabeza. La taramanta que no esperaba que le saliera nadie al
camino empezó a hacer sonidos, pero el valiente no se asustó y le
dijo que a él esas cosas no le daban miedo, que se dejara de
tonterías o le daba con el palo en la cabeza que se moría de
verdad. La taramanta que se vio descubierta le dijo que no le hiciera
nada, que era Fulanito, que era de Ugijar, que venía a verse con
una del pueblo y para no levantar habladurías y descubrirse venia
disfrazado así. El disfraz de taramanta consistía en una orza en
la cabeza con dos agujeros y un cabillo de vela, vestido
estrafalariamente. Otras veces lo que se ponían en la cabeza era un
tabaque alumbrado también con una vela y una sábana por encima.

Pienso que estas tradiciones fueron traídas por los
repobladores, que al principio tenían otra función. En el pueblo de
Torre de Juan Abad, de Ciudad Real, se recoge que:”En llegando la
Cuaresma, ya casi agonizando el mes de febrero, empezaban a salir las
pantasmas casi siempre por promesas a las ánimas(que se cumplían
siempre de una forma anónima). Todos los Viernes de Cuaresma
aparecían las pantasmas. Iban vestidas de negro con una especie de
túnica o sayal que le llegaba a los pies. Y para agrandar su
estatura y darle a su figura un aspecto entre insólito y
terrorífico, sobre sus hombros y cintura llevaba atado con lo que
fuera,cuerdas o correas, un armazón de listones de madera y varillas
de hierro, todo cubierto de sábanas blancas...” El aspecto tendría
que ser aterrador, solo hay que imaginárselo en plena noche en una
calle sin luz. En algunos pueblos de Badajoz eran mujeres arrebujadas
en una manta con un faro y un cencerro las que iban rezando por las
calles del pueblo por las ánimas benditas, cumpliendo un voto o una
promesa.
Aprovechando este anonimato y el miedo que estos
disfraces provocaban, algunos galanes se podían ver tranquilamente
con sus amantes.
Otra de las historias que eran muy contadas antes eran
las historias de brujas, porque como dice el dicho: Haberlas hay las.
Las brujas para poder volar no necesitaban escoba,
bastaba con untarse un ungüento en las axilas. Contaban que una
mujer, sospechando que su vecina era bruja, la espiaba por las noches
y descubrió que se subía al terrao, totalmente desnuda, y se untaba
con algo en las axilas y salía volando. Al día siguiente fue a su
casa y le dijo que le diera del ungüento que ella se echaba para
volar o le decía a todo el mundo que era una bruja. La otra le dijo
que si, que porque no, y le dio un bote con manteca de cerdo. Esta,
que no sabía del engaño, se subió al terrao, se unto muy bien las
axilas y se dispuso a volar estrellándose contra el suelo. Había un
conjuro que junto con el ungüento servía para volar. Tenían que
decir: “De guía en guía sin Dios ni Santa María.” Y salían
volando, pero cuando cantaba el gallo si no estaban de vuelta, allí
donde les pillara no podían volar más y caían a tierra. Porque
dicen que cuando cantaba el gallo era como si dijera: “Cristo y
Nación”. Y ellas no podían seguir volando, se les acababa el
hechizo. Esto, según me contaba mi abuela, le pasó a su abuelo.
Cuando iba de madrugada para el campo le cayo, literalmente encima,
una mujer desnuda que él cubrió con su capa ( qué iba a hacer una
mujer desnuda en medio del campo a esas horas si no una bruja) y la
llevo a Júbar, que se ve, que era de allí .A otro hombre que iba a
ver a la novia, también en Júbar, cuando iba a verla lo llevaban en
volandas y con mucho jolgorio, como si fuera una fiesta. Lo que no
esta claro es si la novia pertenecía al mismo gremio.

Las brujas se podían meter en cualquier sitio bajo
cualquier forma, lo más utilizado era de gato negro. Un día una
mujer vio en su casa un gato que no había visto nunca y con la
escoba lo echo a la calle, al día siguiente vio a su vecina llena de
arañazos. Porque generalmente es la vecina la que se mete en la casa
de las otras simulando cualquier forma para fisgar dentro del hogar.
Un matrimonio estaban sentados al amor de la lumbre y repararon que
debajo de la cantarera había un puchero que no reconocían como
suyo, le dijo el marido a la mujer: “¡ Cucha que puchero!”
Entonces la mujer le arrimo un ascua a la boca del puchero y a la
mañana siguiente el puchero ya no estaba, pero cuando vieron a la
vecina tenia toda la boca llena de vejigas y le preguntaron: “¿Que
te ha pasado en la boca?” Y esta respondió: “Tu sabrás lo que
hiciste conmigo anoche”
Otra mujer vio que en su alacena había una orza entre
las suyas que no era de ella. La cogió y la tiró por las escaleras.
Al día siguiente la vecina tenia un brazo en cabestrillo, cuando le
preguntaron como se lo había hecho, respondió que se había caído
por las escaleras.
A los niños pequeños había que bautizarlos pronto,
porque entre otros problemas estaban las brujas. Si se llevaban un
niño sin bautizar estaba perdido tanto en la tierra como en el
cielo. Tenían que dejar encendida todas las noches, hasta que se
bautizaba, una luz de vela o de candil en la habitación donde dormía
para que no se lo llevaran. Dicen que en el pueblo le pasó eso a una
niña, se la llevaron las brujas y estuvo perdida tres días, cuando
ya casi estaban perdidas las esperanzas, apareció sana y salva en un
lagar. Desde aquel día por este hecho se la conocía por María la
“Embrujá”.

Otras veces se dedicaban a dar sustos mortales, como
le paso a un hombre que se levanto muy temprano, todavía de noche,
para ir a su campo que estaba en la sierra. En el camino tenía que
atravesar el rio, ya antes de llegar a él sentía voces de mujeres
lavando y el zapateado de los trapos contra la piedra. Pensó:
“Cuanto han madrugado hoy las mujeres para lavar”. Pero al doblar
el recodo del camino y divisar el rio vio que no había nadie
lavando, aunque se sentían voces y risas. Lo más espeluznante era
que de las piedras del rio, las que servían para lavar, salían
chispas como si no fueran trapos lo que se lavara allí. El hombre
llevo tal susto que voló, mas que corrió, a su casa y a los tres
días murió.

Este ha sido un pequeño recorrido a las historias de
brujas y fantasmas que a mi me contaron, sino en la noche de Difuntos
en cualquier otra noche junto al fuego o al sereno en cálidas
noches de verano, mis abuelas Carmen y Encarnación. También mi
vecina Ángeles contribuía a que me fuera a la cama con un poco de
miedo, y a la que todavía le preguntó: “ Ángeles, ¿se acuerda
de aquello que me contaba de …?” Y ella rebusca en su memoria,
aunque este ya un poco mermada por la edad, pero siempre se acuerda
de algo. Gracias a ellas que tuvieron las ganas de contarme e
implicarme en estas historias, tradición oral de este pueblo, es por
lo que hoy yo os las puedo contar a todos vosotros.
NOTAS:Revista de folclore. Mitología popular(Campo de Montiel) nº
282 Año 2004.